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La Mujer en el Trabajo: ¿Ya podemos hablar de inclusión?

 

 

El mercado laboral no siempre es un lugar amigable para las mujeres. Sobre todo si tenemos en cuenta que a nosotras se nos exige un buen desempeño en el ámbito doméstico y en el trabajo.

 

Muchas veces, esto es una carga difícil de sostener.

 

Queremos salir del espacio doméstico para ser reconocidas, pero muchos varones no quieren desempeñarse allí, ya que, por creencias sociales y limitantes, creen que perderían valor.

 

UNA ESTRATEGIA PARA LOGRAR LA IGUALDAD SERÍA RECONOCER EL VALOR QUE TIENE EL ESPACIO DOMÉSTICO. Porque sin ese espacio, el entorno social, que incluye al trabajo, no podría existir.
Es necesario reformular las responsabilidades en el cuidado de los hogares, es decir, conciliar el trabajo y la vida privada.

 

Es necesario un nuevo paradigma para cambiar el actual que indica que el trabajador ideal, es masculino y sin obligaciones familiares.

 

En este sentido falta mucho por hacer. Las empresas no desconfían de la preparación de las mujeres sino de su disponibilidad, porque la consolidación de la profesión suele coincidir con el crecimiento familiar. Se asigna el prejuicio que indica que como la mujer va a tener hijos, el trabajo ya no será su principal prioridad. Prefieren a los hombres porque suponen que ellos no tendrán que ocuparse de los hijos, si surge un imprevisto.

La integración de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad ha sido creciente en los últimos tiempos. Se han superado, al menos en Occidente, las desigualdades legales.
Sin embargo, esta igualdad formal no se corresponde exactamente con la realidad, y a pesar de la puja por la integración, subsisten en menor medida discriminaciones y desigualdades, que en muchas ocaciones, se producen de mujer a mujer. Son las mismas mujeres las que discriminan a otras mujeres.



A pesar que ambos, varón y mujer, trabajen fuera del hogar, se siguen considerando la labor doméstica y el cuidado de los niños, como tareas femeninas. 
Aun cuando la mujer provee con recursos financieros, siguen considerándose dichos ingresos como "complementarios". Incluso en familias donde la mujer aporta lo mismo o aun más que el varón, no se considera su aporte como vital o de la misma importancia relativa que el recurso monetario del marido.
Muchas mujeres trabajadoras se sienten mal al no poder cuidar de sus hijos, y tener que dejarlos al cuidado de sus abuelos o terceras personas, por no disponer de tiempo debido a su trabajo.


El principio de igualdad que no se vive. En Argentina, solo un 18% de las mujeres ocupa cargos gerenciales. La región todavía muestra signos de factores culturales que inciden en la cantidad de puestos de alta dirección ocupados por mujeres.
Si bien la flexibilidad para trabajar es algo bien recibido, no es suficiente. Las compañías deberían implementar políticas y estrategias para ofrecer más oportunidades:
• Rever las políticas de retención de talento.
• Ofrecer una mejor conciliación entre vida profesional y familiar para hombres y mujeres.
• Licencia optativa paga posterior a la de maternidad y el teletrabajo.


Al convertirse en madre, la mujer vuelve con otras competencias, ya que ahora atiende diferentes demandas y se siente más motivada si la empresa la acompaña.

 

Las mujeres son metódicas, menos confrontativas y detallistas. También trasladan al trabajo sus habilidades de multitasking.
Hay mucho que hacer y vale la pena el esfuerzo. La riqueza está en la diversidad.

 

¿Cómo te sentís en tu trabajo? ¿Crees que hay equidad para hombres y mujeres? Comentá tu experiencia. Con tu comentario podés ayudar a otras mujeres.